Dudo que alguien desconozca quién es Hayao Miyazaki.

Es mi director y guionista favorito, muy por encima de Walt Disney, y muchos tantos que nos atrevamos a mencionar.

Éste año cumplió los 76 años de edad, incumpliendo su palabra: había anunciado su retiro  luego de un periodo de desaceleración en su trabajo. Sigue trabajando en proyectos de animación.

Si no sabes quién es, quizá sí has visto su trabajo: participó en caricaturas como Marco, Heidi, Sherlock Holmes (el anime en el que es un perro), y ya en su obra propia bajo Studio Ghibli: “Mi vecino Totoro”, “La princesa Mononoke”, “Porco Rosso”, “El viaje de Chihiro”, “El Castillo de Howl”, “El viento se levanta”, “Ponyo en el acantilado”… la lista es interminable.

 

Es, como puedes ver, un excelente contador de historias, un “story teller”, y puede darnos una enorme lección sobre lo que es el storytelling, da igual si lo aplicamos a una marca, una película o un cortometraje: las historias se deben contar con arte.

Éste extracto, es tomado del libro “Starting Point“, que es una antología de su obra, y es escrito por el propio Hayao Miyazaki en 1979, ya con diez años trabajando en anime y manga, pero sin aún haber trabajo en ningún largometraje propio.

Esa fue su filosofía para contar historias, historias que ha enamorado al mundo en sus casi cuatro décadas de carrera desde entonces.

Si bien está enfocado al mundo de la animación, es un consejo que todos podremos tomar como propio, pues nos enseña, en el fondo, a crear una historia y a contarla.

Aquí está ese manuscrito:

¿Es el punto de partida de una película animada el momento en que se da luz verde para que la producción comience? ¿Es el punto en el que tu, como animador, vas a buscar la historia que deseas contar? No, no es el punto de partida. Todo comienza mucho antes, quizá cuando tu aún siquiera soñabas con ser animador. Las historias y el trabajo de animación, son solo desencadenantes. 

La inspiración es solo el gatillo; lo que brota de ti es el mundo que ya has dibujado dentro de ti, la multitud de paisajes que ya has acumulado, y que buscas expresar con los pensamientos y sentimientos que les acompañan. 

Cuando la gente habla de un hermoso atardecer, ¿van deprisa a buscar un álbum de fotografías o van a buscar un atardecer? No, tu hablas del atardecer dibujando muchos atardeceres que has atesorado dentro de ti -sentimientos profundamente grabados en los pliegues de tu conciencia del atardecer que viste a espaldas de tu madre, o el primer atardecer que contemplaste en tu vida, o en los atardeceres que contemplaste bajo los sentimientos de soledad, angustia o calidez. 

Miyazaki dibujando

Tu quieres ser animador porque ya tienes muchas historias que quieres contar, sentimientos qué expresar, y mundos imaginarios que quieres traer a la vida. A veces pueden ser tomados prestados por el sueño de otro, una fantasía o un vergonzoso sentimiento intrincado. Todo el mundo avanza hacia adelante desde ésta etapa. Para que ésto no siga siendo egoísta, les cuentas a los demás sobre tus sueños, y los conviertes en un mundo en sí mismos. A medida que transcurre el proceso de afilar tus técnicas e imaginación, el material va tomando forma. Si la forma es amorfa, puedes comenzar con un vago anhelo. Pero todo comienza con el deseo de expresar algo. 

Digamos que un proyecto se ha decidido y te has inspirado por algo. Un sentimiento, una ligera mirada a una emoción, lo que sea que fuere, debe ser algo que tu puedas sentirte atraído y que desees representar. No puede ser solamente algo que los demás encuentren divertido, debe ser algo que a ti mismo te encantaría ver. Está bien, si al inicio, el punto de partida es solamente la imagen de una niña pequeña girando su cabeza hacia un lado. 

Desde la confusión de tu cabeza, empiezas a captar la figura borrosa de lo que quieres expresar. Y luego comienzas a dibujar. No importa si la historia sigue incompleta. La historia va a continuar. Más tarde, los personajes toman forma. Se dibuja un cuadro que establece el tono subyacente del mundo concreto donde vivirán los personajes. Por su puesto, lo que has dibujado, no es el producto final. En más de una ocasión, tu trabajo será rechazado en su totalidad. 

Cuando mencioné antes que debes tener la voluntad de querer contar la historia, ésto es lo que quería decir. Cuando se dibuja la primera imagen, es solamente el comienzo de un inmenso viaje. Este es el cimiento de la etapa de preparación de la película, la historia que deseas contar. 

¿Qué clase de mundo será? ¿Serio, cómico? ¿qué grado de distorsión, qué configuración? ¿qué clima tendrá? ¿qué contendrá? ¿qué periodo histórico? ¿habrá un solo sol, o tres? ¿qué tipos de personajes aparecerán? ¿cuál es el tema principal?… Las respuestas a todas éstas preguntas se irán resolviendo a medida que continúes dibujando. 

No te limites a seguir una historia ya hecha. Por el contrario, considera un posible desarrollo de la historia, o si un determinado personaje, o situaciones, pueden ser añadidos, cambiados o mejorados. Haz el tronco más grueso, extiende más sus ramas, o navega hacia las ramas más pequeñas y hazlas crecer. Una historia puede navegar de éste modo. 

Saca muchas fotos, todas las que puedas. Con el tiempo crearás un mundo. Crear un mundo implica descartar otros mundos inconsistentes o que no encajan con tu historia. Si hay algo que es muy importante para ti, mantenlo cuidadosamente en tu corazón para utilizarlo en otro momento.

Los que han experimentado una efusión de una increíble cantidad de imágenes desde su interior, pueden sentirlo. Ellos sienten que el fragmento de una imagen que han imaginado, el otro tronco de una historia descartada, mientras arman el relato, la memoria de una niña, el conocimiento de un tema que fue madurando… todo tendrá un papel y se entrelazará en una gruesa hebra al tronco principal. Así, el material que has estado creando de forma dispersa, encuentra su dirección y comienza a fluir en torno a una historia. 

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